El Concierto.



I.
El anfiteatro luce todas sus galas. La banda se acomoda para comenzar, será un concierto especial, porque no hay público. Es que el fenómeno había comenzado poco después del mediodía, con la expulsión de una columna de ceniza, roca y piedra pómez, que ascendió a 20 kilómetros de altura.

Una hora después se iniciaba la caída de dicha ceniza y piedras ligeras, que fueron creando una capa cada vez más gruesa sobre el suelo y los tejados.

Hacia las seis de la tarde se habían hundido los techos por la acumulación de material volcánico y la gente huía de la ciudad entre nubes de polvo y ceniza que habían oscurecido el cielo como si fuera de noche.

Ella, su cabello negro y trenzado entrelazada a él, abrazándola, envueltos en sus túnicas y en la elevación que emanaba de la brasa caliente de sus respectivos cuerpos habían quedado, de repente transformados en una estatua de cera. No se podía distinguir donde terminaba uno-una, u comenzaba otra-otro.

II.

La Estatua, al momento de La Creación tomó un color amarillo.

Pero se fue transformando en anaranjado.

Y luego en rojo bermellón.

Al principio, la gente contemplaba La Estatua, estupefacta.

Le temían.

Pero la espiaban de lejos, puesto que querían ver todos los días, con qué color ella amanecería.
La Estatua mutaba, pero no en sus formas; tan sólo en sus colores.

-¿Qué significado tendría esa extraña reliquia? – se preguntaban los más devotos. Lo que llamaba la atención, era que los cuerpos de ellos, seguían entrelazados, con sus labios palpándose, a pesar del paso del tiempo no se había desgastado la forma, ella seguía con sus trenzas largas, y él poseyéndola con su cuerpo que la rodeaba.

Muchos eruditos escépticos habían dedicado sus prestigiosas horas, días y noches al estudio del extraño fenómeno de La Estatua, que cambiaba de color, pero su forma permanecía inmutable, en el tiempo.

Finalmente, llegaron a la conclusión de que se trataba de Dios, que les hablaba a través de colores.

Era Dios, que hablaba a la humanidad del Amor.

III.

Es un concierto especial, porque no hay público. El anfiteatro está vacío y sólo los músicos están en él.

Son los miembros de Pink Floyd quienes están tocando en el anfiteatro de Pompeya. El público son los mosaicos, las ruinas, y las esculturas.

El concierto empieza al atardecer, aún con luz solar, pero conforme va transcurriendo va anocheciendo.

Comienza la primera parte de Echoes, una canción del Meddle, disco anterior a Dark Side of the Moon. La primera imagen es un plano tomado desde lo alto del anfiteatro de Pompeya, y poco a poco se va acercando al centro, donde está la banda y todo el equipo musical que la acompaña, rodeada por cámaras que se encargan de tomar los planos cortos.

Durante el concierto se intercalan planos cortos de los músicos con planos rodantes: de vez en cuando una cámara empieza a dar vueltas alrededor de los músicos creando un original perfecto. Los planos de la banda se intercalan con las imágenes de Pompeya, de sus ruinas, esculturas y mosaicos.

IV.

Ese día, La Estatua tiene un color tan azul, con todos de verde.

El concierto había comenzado al atardecer, pero una vez que anochece se muestran imágenes de la destrucción volcánica que sufrió esta ciudad.

Se genera un ambiente psicodélico genuino, pocas veces visto antes.

De repente una mujer queda con los ojos desorbitados.

-¿Qué sucede? –pregunta uno de los camarógrafos.

- ¡La Estatua se movió!

– Comprendo, escuchar esta música en este escenario te emocionó demasiado.

-¡No comprendes! Te digo que La Estatua se movió.

En concierto se interrumpe. Muchos se han dado cuenta que la mano de él acariciaba el cabello de ella. ¡La Estatua se había movido! Todos observaban atónitos. Acto seguido, la mano de ella acaricia el cabello de él, y se besan apasionadamente. Lentamente, el color azul con tonos de verde se va transformando, azul para los ojos de ella, miel para los de él, y ya no está fría.

V.

Ellos están sorprendidos. Se habían quedado dormidos amándose, y al despertar estaban rodeados de gente. Lo único que atinaron, fue a envolverse en una sábana. ¿Y dónde había quedado su ropa? La divisaron lejos, tan apilada como la habían dejado: Sus jeans, ella su blusa batik, él su camisa estampada.

La mujer que había descubierto La Estatua, generosa, les alcanza las prendas.

Se visten rápidamente, se sienten culpables, puesto que el concierto se detuvo por culpa suya. ¡Cómo pudieron quedarse tan dormidos!

Tomados de la mano, se sientan en el césped.

-Mi amor, casi nos perdemos el concierto, menos mal que nos despertaron-

-¿Mi vida, me das la mano mientras lo oímos?-

Anna Donner ©2009
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